La ilusión verde de los agro combustibles

No necesariamente todo lo verde es bueno reza un informe de Oxfam Solidaridad1. Y es que a partir de la búsqueda de combustibles alternativos, sea por reducir los efectos del cambio climático, por el afán de dejar atrás la industria petrolera o por fortalecer el sector agrícola, se quedan en el olvido los impactos que causan los agrocombustibles en la vida de las personas y los pueblos. Lo cierto es que las preocupaciones a nivel mundial de reducir las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, así como el agotamiento de los combustibles fósiles están sobre el tapete. Mucho se ha hablado sobre la necesidad de encaminarse por una vía alternativa que responda a la demanda de combustible para el transporte (lo que se llama agrocarburantes). Y aquí en donde entran otros actores. La cuestión es analizar quiénes son los países que más ansiosamente promueven esta necesidad de cambio. Y la segunda cuestión es considerar en el mapa mundial en dónde se localizan las grandes extensiones de tierra destinadas a la producción de agrocombustibles, qué características económicas tienen estos países y cómo son viables a partir de tratados de libre comercio.

Biodisel y monocultivos

Imagen obtenida de paper blog

 

De la economía bio a la agro

En este sentido, es necesario hacer una aclaración en relación a los términos agrocombustibles y biocombustibles ya que mucho se ha hablado hasta ahora de este tipo de energía alternativa. Los agrocombustibles como bien alega el informe “Agrocombustibles y derecho a la alimentación”2, nacen a partir de biomasa que se produce en cultivos agrarios que no necesariamente tienen que ser ecológicos. Pues bien, aunque se crea que la producción de agrocombustibles puede convertirse en un motor económico, se debería analizar cada caso. Europa, por ejemplo, hace ya varios años que amplió su modelo de producción económica. No se trata ni de lejos de una economía basada únicamente en la agricultura, sino más bien en la industria, la producción de bienes y servicios y el desarrollo de tecnología, pero a la vez cuenta con un medio rural que se ha tecnificado. En este caso, dedicar un porcentaje de la tierra para el cultivo de biomasa puede implicar un nuevo y valorable impulso económico en los tiempos que corren.

 Actualmente, la Unión Europea (UE) depende en un 50% de la importación de materias primas para cubrir sus necesidades de energía, algo que podría incrementarse hasta el 65% en el 2030. De acuerdo con la directiva de la UE 2009/18/EC, para 2020, el 20% del total de la energía demandada por la UE vendrá de fuentes renovable y el 10% de esta provendrá del etanol y el biodisel derivados de los agrocombustibles. Pero la producción en Europa no sería suficiente para cubrir esta demanda por lo que se plantea la necesidad de que se importe desde países en vías de desarrollo entre el 15 y 20% de esta materia prima destinada para combustibles alternativos.

Si hablamos de importación, los países tropicales son los que cuentan con las condiciones climáticas para cobijar grandes extensiones de cultivos que producen biomasa. Y es que la creciente demanda de agrocultivos está siendo un aliciente en el llamado desarrollo económico de países del sur, que han visto un motor de crecimiento productivo interesante en este aspecto. En este sentido, se han destinado grandes extensiones de tierra en países de América Central para estos cultivos, tierras antes utilizadas, por ejemplo, por pueblos originarios para su autosuficiencia alimentaria.

En cualquier caso, cabe aclarar que no es susceptible de responsabilizar únicamente a la producción de biodiesel, proveniente del maíz, caña de azúcar, remolacha y sorgo, o bioetanol, que se obtiene de aceites o grasas de cultivos como jatropa y palma aceitera, como los culpables del aumento del precio de los alimentos pues estos combustibles no derivan necesariamente de cultivos utilizados para la alimentación, salvo el maíz que se debería utilizar únicamente a partir de excedentes. Sin embargo, el cultivo extensivo sí causa un impacto en la redistribución de la tierra y el uso que se hace de ella; porque los monocultivos ubicados en grandes extensiones de tierra se encuentran mayormente en manos de latifundistas, empresas privadas nacionales o extranjeras; algo que sí afecta directamente el derecho a la alimentación de pueblos y comunidades de países del sur.

 Los daños colaterales de los agros

Si bien es posible que la producción de agrocombustibles repercuta en resultados favorables en el área rural, esto necesariamente va unido a condiciones específicas. Por ejemplo, en Europa se ha visto un crecimiento de la economía del campo dedicada a los monocultivos que producen biomasa; pero es posible que se genere una estrecha relación entre los productores y los gestores del agrocombustible, algo que no se produce en los países del sur en donde el monocultivo representa exclusión social, desplazamientos forzados, bajos salarios, explotación laboral y discriminación, así como lucha por el derecho de acceso a la tierra, la soberanía y la seguridad alimentaria. En países como Guatemala y Colombia se han documentado graves violaciones a los Derechos Humanos derivados de la utilización de la tierra como un bien para producir agrocombustibles destinados a la exportación, impulsados estos por la firma de tratados de libre comercio.

De la misma forma, los efectos que causan grandes extensiones de monocultivos en países del sur se plasma tanto a nivel medioambiental, como económico, social y cultural. El intrusismo de los monocultivos implica deforestación, afecta negativamente la biodiversidad y causa un grave impacto a nivel ecológico por la pérdida de los espacios naturales de producción de oxígeno. Por otro lado, implica que se destinen grande cantidades de agua para estos cultivos. Según el informe de Oxfam México, en este país, la superficie sembrada de caña de azúcar es de 700 mil hectáreas, lo que representa el 4% del total de la superficie sembrada. Una hectárea para la agricultura necesita 9 millones de litros de aguapero cultivos como la caña de azúcar necesita 20 millones de litros de agua. Entonces, 700 mil hectáreas demandarían 6.7 mil millones de litros de agua. Por lo que en 10 años, la demanda de agua puede incrementarse a 10.5 mil millones de litros3.

En conclusión, cabe preguntarse a quién beneficia la producción de agrocombustibles, si verdaderamente son sostenibles a nivel medioambiental y qué impactos causan en la vida de las personas. ¿ Es lícito expulsar de sus tierras a familias campesinas en pos de la búsqueda de energías renovables? ¿Es factible deforestar el sur para producir fuentes alternativas de energías para el norte? Al fin y al cabo parece que no todo se mide con el mismo rasero.

 

 

 

1Oxfam Solidarité, APRODEV, Grupo Sur, Alop, AIDhaco, CIFCA, “Not all that is green is good, expansion of the production of agrofuels and free trade agreements between the EU, Colombia, Peru and Central América”,

2Prosalus Cáritas española, Veterinarios sin Fronteras e Ingenieros sin Fronteras, “Agrocombustibles, ¿Parte del problema o parte de la solución?, 2007.

3Oxfam Mexico, “Vamos al grano. ¿combustible o alimento. Biocombustibles, cuanso la solución es parte del problema”. 2009.

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