La incidencia política de las ONL

“La corresponsabilidad social ha de permitir trabajar de forma conjunta para la transformación de la sociedad”, Observatorio del Tercer Sector, La incidencia política desde el tercer sector.

Hay un lema que asegura que juntos somos más. El caminar juntos hace mucho pero el trabajar juntos hace aún más, sólo así es posible  ver vientos reales de cambio. La sociedad en su conjunto está compuesta por diversos actores sociales y la unidad, colaboración y la labor conjunta, desde una perspectiva corresponsable resulta vital y a la vez es más rentable a nivel de recursos económicos y humanos. Es más, la OTS en el 2007 publicó un estudio sobre la incidencia política en el tercer sector social en donde asegura que ninguno de los actores sociales (entidades no lucrativas, Administración pública o empresas privadas) pueden afrontar por separado los retos sociales actuales. “La incidencia política toma una importancia capital en el juego de la corresponsabilidad social del tercer sector. La  corresponsabilidad de las organizaciones no lucrativas tiene que permitir trabajar para la visión de la sociedad desde los propios valores del sector, para dar voz a los colectivos más desfavorecidos, etc. En definitiva, actuar como un agente social reconocido y comprometido”. [1]

 

Normalmente cuando se piensa en las ONL, hablamos de asociaciones independientes que no tienen una afiliación política. Desde este punto de vista podríamos asegurar que ninguna organización debería tomar una postura política específica, aunque está claro que muchas la tienen. Tomar una postura política puede significar estar de acuerdo o no con el hacer del otro. Por eso, normalmente, e inevitablemente, las ONG sí tenemos una posición política determinada, aunque eso no significa ir de la mano con un partido político, sino más bien se trata de una forma de pararnos frente a la sociedad. En esta línea, resulta imprescindible asumir funciones en la construcción  conjunta de políticas públicas, ser partícipe de las mismas en todos los ámbitos (medio ambiente, cooperación, ámbitos sociales) y reforzar lazos con el sector privado, sobre todo en lo que respecta a la Responsabilidad Social Corporativa.

 

La OTS define a la incidencia política como el proceso de influir en los resultados de las actuaciones, comportamientos y posiciones políticas, tanto de las instituciones públicas como privadas. Así mismo, la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, CONGDE, asegura que la incidencia política es “el conjunto de acciones, estudios, denuncia, información pública, diálogo social, presión, propuestas alternativas que mediante la movilización social y la participación en órganos representativos realizan las ONG”.

 

El objetivo de definir qué es incidencia política y tomar un posicionamiento en la escena social define a una ONL y esta característica se aplicará en todos los documentos de la entidad. Reconocernos partícipes de los cambios implica también comprometernos con los mismos y continuar actuando, siempre desde una visión crítica, analizando y luchando por nuestros ideales, que son los que nos definen como asociación.


[1] Observatorio de Tercer Sector, La incidencia política desde el tercer sector.

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¿Llegaremos a hablar de territorios socialmente responsables?

La responsabilidad social corporativa más que un modelo a seguir ha de ser una filosofía y como tal debe aplicarse en todos los ámbitos de la empresa.

Cuando hablamos de responsabilidad Social corporativa (RSC) llegamos a la conclusión de que no existen formulas mágicas ni una lista específica de pasos a seguir para lograrla, aunque para comenzar podríamos decir que los pilares estarían relacionados con establecer una estrategia corporativa que sea responsable y que se aplique a nivel interno y externo. Estaríamos hablando de empresas que gestionan su responsabilidad y dicho compromiso está basado en la equidad, es decir, debe existir un ida y vuelta para con uno mismo y los demás. Teniendo en cuenta estos principios, resulta implícito encontrar en la RSC los beneficios que harán que nuestra empresa incorpore normas de calidad, eficacia y eficiencia y que, por tanto, repercutan en resultados positivos.

Este proceso estaría integrado dentro de un manual de buenas prácticas como algo que forme parte de la propia empresa y que esté relacionado directamente con la gestión y la dirección estratégica. La RSC hoy en día no es una moda, sino que significa una nueva forma de entender la empresa, con principios éticos. Dicho manual debería apuntar a la mejora basada en valores, el establecimiento de vínculos y la definición de un código ético. Para lograrlo es imprescindible llevar a cabo una gestión transparente, sostenible y saber rendir cuentas. No estamos hablando de mero filantropismo ya que normalmente cuando alguien habla de RSC la primera idea que nos viene a la cabeza se centra en colaboraciones con entidades del tercer sector social o bien con prácticas que tienen que ver con el respeto al medio ambiente. Efectivamente esto también es RSC pero la buena gestión va más allá de una mera colaboración. Cuando trabajamos conjuntamente con una entidad, es imprescindible tener valores comunes y contar con propuestas específicas, que nos hagan sentir socios, generar confianza y establecer alianzas. La filosofía de la RSC se basa en analizar el impacto positivo que las buenas prácticas pueden tener dentro y fuera de nuestra empresa.

En la actualidad son muchas las empresas que integran la RSC en su hacer, explica Josep Maria Canyelles experto en el tema, y van desde las grandes corporaciones hasta las pequeñas empresas familiares, pasando por las PYMES. La razón: La RSC crea confianza a nivel interno y externo situación que da como resultado un crecimiento sostenible basado en la calidad y el compromiso. Teniendo en cuenta esta visión, la RSC debe aplicarse a todos los niveles, en las normas básicas internas, en los efectos y resultados y en el entorno. Se trata de una gestión que deja de lado la mediocridad ya que,  sin importar que la empresa sea grande o pequeña, estaría dirigida por líneas estratégicas que implican cierto nivel de eficacia. Así es posible obtener resultados beneficios, mejorar la imagen, la confianza, la seguridad en el trabajo, la buena gestión de los recursos humanos y establecer relaciones positivas y de respeto con el entorno que nos rodea, el medio ambiente y las personas.

Lo ideal sería que la RSC pudiera extenderse y traspase las fronteras de la propia empresa para poder hablar de territorios socialmente responsables, explica Canyellas, en donde todos los actores, las empresas, las ONL, los profesionales, la ciudadanía, las corporaciones y el sector público, gestionen su responsabilidad, no sólo para mejorar el entorno y las relaciones entre si, sino como camino hacia la excelencia individual y colectiva. Por suerte, asegura el especialista, cada vez más la tendencia apunta a la aplicación de esta filosofía a nivel global.

LFG.