El viaje desde la Sierra (parte I)

“Lo que la palabra genocidio no dice son los gritos. Lo que la palabra genocidio no explica son los ojos perdidos de los huérfanos. Lo que la palabra no puede expresar son los años de estar escondidos. Lo que la palabra no puede enumerar es la cantidad interminable de pesadillas. Lo que la palabra no podrá predecir es cómo serían las sonrisas de las muchachas que fueron masacradas, al encontrarse rodeadas por los hijos que nunca tuvieron”. Fragmento del libro Rescatando Nuestra Memoria, Represión, Refugio y Recuperación de las Poblaciones Desarraigadas por la Violencia en Guatemala.

 Según el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), durante el conflicto armado interno de Guatemala, fueron destruidas 626 aldeas, hubo 1.5 millones de desplazados y más de 200 mil muertos y desaparecidos, de los cuales el 83% eran población maya y el 17% ladina. En su informe final, la CEH concluyó que el ejército guatemalteco cometió actos genocidas ya que el 93% de las masacres fueron cometidas por el Estado en una cruzada en contra de la insurgencia. En el punto más álgido de la violencia, la excusa militar de las masacres en el área rural de las comunidades mayas se basaba en la idea de que el ejército estaba “arrasando comunistas”. 

Hacia 1982, en un contexto de desapariciones, represión y asesinatos, muchas personas escaparon de sus aldeas apenas con lo puesto. Caminaron hacia las montañas en donde se refugiaron por casi diez años. Allí, bajo la protección de la inmensidad de la selva resistieron la guerra en las llamadas comunidades de población en resistencia (CPR). Se organizaron, se solidarizaron y protegieron unos a otros; se alimentaron de hierbas, raíces y animales salvajes y fueron construyendo una nueva subsistencia. La resistencia estaba sustentada en el deseo de vivir y en la unión con el territorio. Pero las difíciles condiciones de vida, prácticamente a la intemperie y sin recursos, provocaron gran cantidad de decesos causados por enfermedades y desnutrición, como es el caso documentado en este reportaje. Casi 30 años después de la guerra, organizaciones no lucrativas trabajan junto con la Fundación de Antropología Forense (FAFG) en la búsqueda e identificación de personas desaparecidas, asesinadas o muertas durante el conflicto armado.

Esta es la historia de cómo 40 familias recuperaron los restos de sus hijos, hijas, esposas, esposos, hermanos, hermanas, madres, padres, abuelos, abuelas de pobladores que murieron durante esos años de vida en la CPR de la Sierra. Este reportaje refleja una parte del gran trabajo de la FAFG, de las organizaciones y sobre todo de las familias que no dejaron de buscar a quienes perecieron por causa de la guerra o los desplazamientos. Este reportaje refleja sólo un pedacito de la constante lucha por la búsqueda de justicia y por la supervivencia de un pueblo.

Luego de pruebas genéticas, la Fundación de Antropología Forense devuelve a los familiares los restos óseos.

En algunos casos la falta de ADN impide la identificación. Los familiares tienen que reconocer la ropa y los efectos personales que encontraron junto a las víctimas.

Una vez identificados, los familiares se llevan los restos a sus comunidades.

1Victoria sandford, F&G Editores, Guatemala 2003.

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Acerca de Lucia Gorosito
Fotógrafa con más de siete años de experiencia en reportaje. Actualmente me dedico a la fotografía de bebés y mamás embarazadas.

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