Del empoderamiento al poder intrínseco

“El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación”, Paulo Freire. 

La palabra “Hacible se la sacó de la manga un compañero de trabajo alegando que sonaba bien y que deberíamos incorporarla a nuestro amplio y culto vocabulario, léxico y código. Al principio dudé de si realmente existía porque verdaderamente sonaba bien. Yendo a buscar a los no tan profundos límites de nuestra conciencia lingüística, llegamos a la conclusión de que no existía y que hacía falta un solo léxico que definiera que una cosa era fácil de hacerse: hacible.

 Supongo que lo mismo habrá pasado con la palabra empoderamiento. Debo admitir, desde la más pura ingenuidad, que la primera vez que la escuché me provocó “miedo” y hasta me dio vergüenza preguntar su significado. Encerrada en el pudoroso reparo de quien no pregunta, decidí esperar a que el significado se dejara caer como quien no quiere la cosa, siguiendo el curso natural de los acontecimientos. Al cabo de unos días, el creador de la palabra “hacible” me comentó que la palabra empoderamiento seguramente era una derivación del anglicismo “empowerment”, algo que se traduciría como tomar el poder. La verdad es que no se si este será el significado real, pero como la palabra aparece en muchos proyectos de cooperación supongo que debe de ser algo muy importante y vital.

Investigando y comentando el tema con gente que trabaja en asociaciones, concensuamos en que el empoderamiento se ha convertido en uno de los ejes en los que se apoyan algunas teorías de desarrollo. Así las cosas, junto con incluir la perspectiva de género, es imprescindible que hagamos todo lo posible para lograr que los pueblos puedan empoderarse. Esta situación, me llevó a analizar de dónde sale el poder, es decir quien lo tiene y hacía dónde va. Está claro que si debemos darlo es porque alguien lo tiene, y este tener viene de haberlo quitado o bien otorgado, aunque también se puede haber ganado…

A raíz de esto me vienen muchas preguntas a la cabeza. ¿El poder se crea, se traspasa, se enseña? ¿Somos nosotros los que debemos dar las herramientas para que exista una toma de poder? ¿Somos nosotros los que tenemos ese poder para traspasarlo?

Desmarcándome de las teorías que hablan estrictamente de desarrollo, y pasando a las que derivan de la educación popular (Paulo Freire, años ´70), conjuntamente con el uso de metodologías de trabajo participativas y de construcción del conocimiento conjunto, me di cuenta de que volvía a aparecer el tema del empoderamiento. Aquí también se hacer referencia a una toma de poder, relacionada con un aumento de la fortaleza espiritual, política, social o económica de los individuos y las comunidades. Pero el poder no se da, porque está ahí, en el tejido asociativo. Partimos de la postura de que todas y todos, como parte de la comunidad, somos los protagonistas de nuestros propios cambios sociales y nos convertimos en los actores principales de la transformación, una transformación que viene desde dentro, pasa del ámbito personal al colectivo. Me gusta esta idea, y me gusta más pensar que las ONG no empoderamos, porque eso significaría que somos nosotros los que tenemos el poder.

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Acerca de Lucia Gorosito
Fotógrafa con más de siete años de experiencia en reportaje. Actualmente me dedico a la fotografía de bebés y mamás embarazadas.

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